Una Maison excepcional

Nuestra historia
en la historia

Querer detener el tiempo, emanciparse de las modas, los códigos y las normas.
Carácter atemporal como marca de fábrica.

Del baúl legendario
a la maleta conectada:
nomadismo reinventado

Ayer, era el descubrimiento de nuevos mundos, de grandes paquebotes y exploraciones. Hoy, es la velocidad, el jet lag y las zonas horarias. Louis Vuitton marca la evolución del viaje con sus invenciones.

En 1867, el baúl de zinc satisfacía las ansias de conocer otros mundos. Al ser impermeable, liviano y resistente a las condiciones extremas tropicales, se convirtió en un clásico. Y sigue inspirando a creadores.

En 2016, la línea Horizon redefine el equipaje de cuatro ruedas. Compactas y espaciosas, robustas y ligeras, estas maletas acompañan a los viajeros por aeropuertos desmesurados.

A principios de 2018, la colección se renovó con Horizon Écho, la primera maleta conectada. Incorpora nuevas funcionalidades para los nómadas: geolocalización en aeropuertos internacionales y alerta en caso de apertura de maleta. Tanto en Dubái como en Hong Kong, los pasajeros pueden hacer escala sin preocupaciones.

Un nombre,
un distintivo,
unos códigos,
pero todo por imaginar

Un distintivo único, un símbolo de excelencia y exclusividad. Mejor aún, un secreto por descubrir. La lona Monograma se abre a múltiples interpretaciones.

En 1896, la Maison Louis Vuitton eligió una imagen basada en cuatro patrones: un rombo con una flor de cuatro pétalos en su interior, la misma flor en negativo, un disco calado con una flor y las iniciales de la firma entrelazadas. Como un escudo de armas que desafía el tiempo, la lona Monograma evoca al instante el nombre
Louis Vuitton.

En 1959, se levantó un viento de libertad con la Nouvelle Vague que arrasaba con todo. Las maletas siguieron la corriente y se flexibilizaron. El Monograma extendió su lona a bolsos urbanos, carteras, tarjeteros y artículos de marroquinería. Así nacieron los iconos: Speedy, Keepall y Noé, que desfilan por las calles del mundo entero.

La historia del Monograma se nutre de colaboraciones vanguardistas, desde el neoyorkino Stephen Sprouse, quien pintó los bolsos con grafitis en 2001, hasta el japonés Takashi Murakami y su paleta de colores pop. Desde la marca de ropa urbana Supreme hasta la colección Masters de Jeff Koons. El Monograma luce una eterna juventud.

Nuevas invenciones,
una historia de pasión

Entre el progreso técnico y el afán de superar los límites, Louis Vuitton transforma sus creaciones en tesoros del conocimiento.

Una llave única, un número exclusivo. En 1890, la invención de la cerradura de cinco gachetas fue una pequeña revolución tecnológica. Un mecanismo patentado e inviolable que transformó el baúl en una caja fuerte. Hasta el mismísimo mago Houdini rechazó confrontarse a este modelo excepcional que ofrecía una garantía de tranquilidad para los viajeros.

A principios del siglo XX, en Asnières, fueron tiempos de optimismo y efervescencia de ideas. En el parque del taller, Pierre y Jean Vuitton juegan a los inventores y crean el Vuitton-Huber. Presentado en 1909 en el Salón aeronáutico del Grand Palais (París), el artefacto equipado con una hélice que giraba en sentido contrario se consideró como uno de los primeros modelos de helicóptero.

Por su parte, el reloj Tambour Moon Mystérieuse, todo un símbolo de la alta relojería, fue una verdadera hazaña en 2018. Desde la Fabrique du Temps en Ginebra salía una adaptación del principio del movimiento misterioso asociado a un escape de torbellino volador. En el centro, el Monograma de la Maison levitando.

Perfumes
del viaje

En la época Art déco, Louis Vuitton creó neceseres de viaje que transformaron los objetos cotidianos en obras de arte. Una creatividad plasmada también en los frascos, preámbulo de los primeros perfumes de la Maison.

En 1925, la Gran Exposición de Artes Decorativas reveló las primeras colaboraciones de la firma con grandes artistas decoradores. En ella se expusieron piezas de mobiliario, cristalería y cerámica, así como baúles y cofres que contenían polveras, cepillos y aguas de colonia. El estuche Milano —un conjunto de 50 piezas, adornado con frascos de cristal tallado y tapones de corladura— permitió viajar con lo esencial de la belleza.

Del frasco nace la embriaguez de los olores. Y el primer perfume de la firma Louis Vuitton: Heures d’Absence, se reveló en su mítica caja en forma de mojón kilométrico y consiguió atravesar el mundo. Le siguieron Je Tu Il, Réminiscences y Eau de Voyage, fórmulas efímeras que resguardan un misterio.

En 2016, el maestro perfumista Jacques Cavallier-Belletrud salió a explorar el mundo y volvió con múltiples inspiraciones que dieron lugar a siete fragancias nuevas. Siete viajes olfativos y una colección que recorrió su estela. De la extracción con CO2 de la rosa de mayo y del jazmín real, se obtuvieron olores puros. De la infusión de cuero natural procedente de los talleres Louis Vuitton surgieron notas de un perfume grabado en la fragancia Dans la Peau.

Fotos de familia

1859. En una zona de campo próxima a París, a menos de 5 km del famoso barrio Ópera y de la tienda de la calle Scribe, se encuentra Asnières-sur-Seine, lugar de residencia de la familia y de los talleres de fabricación de Louis Vuitton, donde bajo la carpintería metálica, una treintena de artesanos fabrican baúles cuya excelencia es digna de orgullo.

Foto de familia en el patio de los talleres de Asnières, en 1888. En el vehículo de mercancías, las creaciones que han dado fama a la Maison. A su alrededor, bauleros, marroquineros y tres generaciones de Vuitton. Louis está sentado delante de sus baúles, Georges a su lado y Gaston-Louis, el nieto, tumbado en el baúl cama.

Ciento treinta años más tarde, la fachada y los adoquines se mantienen intactos. Lugar de producción y de vida, Asnières, recibe ahora a clientes con deseos inesperados, nuevos colaboradores asombrados, diseñadores en busca de inspiración y visitantes curiosos.

Un lugar histórico, cuna del conocimiento de Louis Vuitton, donde cada día es una nueva aventura. Un lugar donde los sueños se hacen realidad.